Hola amor:

      Desde aquel día llevo el sello de tu mirada. Todas las cosas que veo me evocan algo de ti, o es tu aroma, o la alegría de tu risa. En la calle oigo el sonido de tus pasos y vuelvo la cabeza para saludarte, pero no estás. ¡Es tan real! En la espera de tus ojos, dejo pasar el tiempo que bosteza aburrido sobre las arenas del desierto. Nada existe que me distraiga. Sólo entre el vaho de los sueños te distingo claramente. No hay confusión en mi noche, tú estás allí, esperándome. Es el largo día el que se me hace queja y es tu ausencia la que se empeña en anidar en mi alma. ¿Acaso sufro un hechizo? Bajo las estrellas  puedo imaginar tus labios en los míos, pero cuando la luz hiere y señala con sus dedos largos y amarillos los mares y los bosques, quedo solo. ¿Qué maldición es ésta que me deja alimentar de tu recuerdo bajo el resplandor de la luna y me abandona sin esperanza tan sólo comenzar el día?.

 ¿He de resignarme en soñarte siempre?